Está todo muy prolijo y lindo, te felicito.

     ¿Qué son estos lagrimones que salen empujados por mis párpados? Hay un torbellino de residuos de emociones en cada una de mis fibras musculares. No entiendo por qué hay que decidir siempre, y me lo pregunto todos los días mientras trato de rellenar ese vacío espiritual con canciones, algunos té con miel y unas palabras escritas en un cuaderno/diario.
     Detrás de las paredes hay miles de estrellitas, yo sé que están ahí, pero así parece todo tan prolijo que no quiero arruinarlo; he preferido mantener esos destellos tapados, sometidos a la presión de un elegante tapiz color rosa. Pero es complicado cuando a veces empiezan a salir ampollitas de aire, que no se ven a simple vista pero que cada vez son más y ya no me quedan más cuadros con qué tapar las imperfecciones. 
      Es por eso quizás que después se empiezan a hacer quebraduras, fisuras en a pared por donde salen volando miles de partículas de colores, diminutas y muy variadas, que vuelan ágiles por haber estado comprimidas tanto tiempo. Pero a veces me ha pasado que cierro los ojos para ver si estoy soñando y cuando los abro nuevamente esas partículas han desaparecido y todavía sigue el tapiz ileso, con todos los cuadros en su lugar. Pero miro más de cerca y ahí están, las ampollitas acumuladas a punto de reventar, escondidas entre la prolijidad de tanta estética. 
     La mayoría de las veces, después de mirar unos minutos esa pared, siento un vacío un poco extraño, el espíritu tan hueco como si fuera capaz de hacer eco si alguien golpeara mi pecho. Pero después de un rato va a pasar como pasa siempre, por eso no voy a darle mucha importancia.

       ¿Hay algo más para ver? Sí, allá afuera hay muchas atracciones con las que distraerse; me saco los zapatos y corro con una sensación de adrenalina y libertad, y me pierdo entre tantos estímulos, me siento alarmada y descontrolada. Aquí se puede andar con poca ropa y el pelo suelto, y somos todos similares, por eso nadie va a señalarte ni para desmerecerte ni para enaltecerte. Por un instante me siento feliz, pero esa falsa plenitud pronto (demasiado pronto) se desvanece y me acuerdo de nuevo del vacío en el pecho y del corazón hueco. 
     Siempre vuelvo a entrar al hogar y siento el calor de la intimidad con un poco de culpa por haberlo despreciado. Estoy un poco embarrada pero después de un baño caliente, un vestido bien planchadito y una colita bien tirante todo está de nuevo en equilibrio. 
     Aunque no puedo mirar bien en las paredes cuando entro en la habitación porque ahí están otra vez las ampollitas y las estrellitas que brillan incluso por detrás del tapiz y yo sé que están ahí, pero a simple vista no se notan y pronto voy a dejar de observarlas. O quizás un día me despierte y se me ocurra arrancar todo el papel con mucho apuro, sacarlo todo hasta que no quede nada, sólo el espacio infinito y las estrellas más brillantes que nunca. 
     Quizás ahí esté rodeada de partículas de colores que entran por mis oídos y mi nariz, y por todos lados, y puedo flotar en paz, conectada con mi cuerpo y alma; ojalá ya no haya ampollitas que ocultar, y ojalá ya no me pique, y ojalá ya no me duela. Y seré libre en serio, sin necesidad de esos estímulos atractivos que hay en el patio; nada de eso, estoy sola con el amor que siento adentro, sola con mi vida y nada más. 



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