Te sugiero no leer


            Yo, si fuera vos, no leería esto. Ni una línea más, porque no vale la pena. No vale la pena gastar tu tiempo, tu bendito tiempo, en un escrito que no dice nada, que no va a aportarte nada bueno, o incluso puede hacerte rodar en tu propia angustia. Angustia por no tener nada certero, por no contar con límites que te hagan sentir seguro; angustia por leer y leer y no rescatar una mínima frase útil, un consejo, una respuesta, un detalle. Yo que vos me ocuparía de apartarme de estas letras malignas y ponerme a hacer algo productivo, algo de todo eso que tenés esperando, que te corre el reloj y te hace mantenerte alerta sin poder relajarte. Andá, no leas más, no tiene sentido, no hay nada aquí que no sepas, pero sí hay cosas que no deseas: perder el tiempo, encontrarte cara a cara con el vacío, por ejemplo. El vacío en todo sentido: el vacío de contenido, de forma, de reglas, de esperanza, de emociones, de carisma. Una lúgubre osadía inútil.
            Sin embargo leés. No entiendo qué haces todavía ahí, buscando un motivo, cuando ya te dije que no lo hay. Estarás pensando, seguro, que para qué escribo si no quiero decir nada en realidad. Y la respuesta es también: que no hay motivo. Por eso, si en verdad llegaste hasta acá pensando que algo ibas a encontrar estás desafortunadamente errado. Estás quizás, como todo lo que construimos en torno a nuestra manera de vivir en esta cultura, atado a las leyes de causa y efecto que nos han enseñado…. para que podamos seguir adelante, claro. Para que no nos salgamos del carril y no caigamos en la desenfrenada desesperación del azar. Es más fácil pensar que todo tiene un motivo, que la justicia tiene un fundamento, que la moral está basada en un orden, que las cosas pasan por algo y que tenemos que respetar el ciclo de la vida. ¿Por qué? Porque hay algo más, antes y después de las cosas, que aunque parezca oculto permanece inalterable, y nos libera felizmente de la responsabilidad.
            Así son las cosas, pensarás, y estarás buscando qué quiero lograr diciendo todo esto e incomodándote, seguro. Pero la cuestión es que yo no paré de decirte que no había nada que leer y vos no paraste de hacerlo. ¿Será entonces que estás buscando desesperadamente un sentido porque en realidad el vacío ya habita dentro tuyo?, ¿o tal vez ansias masoquistamente ver el vacío, mirarlo a los ojos y sumergirte en él?, ¡o quizás, simplemente, llegaste hasta acá sin un motivo alguno! y estás patinando al igual que yo en la gustosa indeterminación del sinsentido. 
            No son preguntas capciosas ni me propongo sacar ninguna conclusión, solamente he escrito y llego al fin encontrándote aún al lado mío. Habrás comprobado que mis advertencias eran tan reales como decepcionantes, tanto igual que las ingenuidades de todos nosotros. 
            No hay ni hubo nunca nada que decir o quizás hubo mucho más que ello. Pero haberte subido al barco confiando en la dirección del viento es quizás un error fatal, ya que, como dijo alguien antes, la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento de los hombres.

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